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55 - Al este de Java. Donde cada isla ... - Revista de viajes

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Editado por:
Altair revista SL
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55 - Al este de Java. Donde cada isla es un mundo.
Idioma: ESPAÑOL.
Año de edición 09/2008.

Una teoría pesimista sostiene que todos los lugares del mundo tienden a parecerse cada vez más debido a la manida globalización. Quienes afirman esa tesis no visitaron, con seguridad, el arco de islas que se extienden al oriente de Java, entre esta y Timor. Todos los mundos imaginables parecen concentrados en ese fragmento de Indonesia. Allí, grandes religiones —islam, cristianismo, hinduismo…— conviven con creencias tradicionales y se adaptan a la realidad y las necesidades de cada pueblo: musulmanes de Java hacen ofrendas a los volcanes para aplacar su furia; cristianos de Flores realizan sacrificios de animales para propiciar buenas cosechas; los isleños de Sumba emplazan las colosales tumbas de sus antepasados en el centro de las aldeas, para que participen activamente en el día a día de la comunidad… Algunos de esos pueblos, como el balinés, miran al mar con recelo, por considerarlo morada de malos espíritus y fuente de desgracias. Otros, como los nativos de Lembata, no dudan en desafiarlo en busca de cachalotes.

El supuesto aglutinante de este colosal rompecabezas es Java, sede del Gobierno de la República, mientras que el idioma indonesio, derivación del malayo, se postula como lengua franca para todos los territorios. La realidad es que en muchas islas no se entiende ni, menos aún, se habla, mientras que las presencias del ejército o la policía, representantes del Estado, se perciben como intrusiones hostiles.

La voluntad de imponer el liderazgo javanés a todos los pueblos del país ha sido fuente de conflictos que, en algunas zonas, degeneraron en insurgencia armada. Además, el país sufrió sucesivos atentados terroristas entre 2002 y 2005, reivindicados por grupos afines a al-Qaida. La reacción fue fulminante, cortando el brote totalitario por lo sano. Desde entonces, la política de Yakarta ha avanzado en dos direcciones simultáneas: la persecución de cualquier dogmatismo religioso que amenace la joven democracia y la búsqueda de un sistema de convivencia que permita a todos los pueblos del país sentirse cómodos en este. Hacer realidad, en suma, el lema de la República: “Unidad en la diversidad”. Y todo, sin perder comba en un crecimiento económico que pocos pueden emular. El reto es descomunal, pero el éxito permitiría a Indonesia avanzar hacia la modernidad sin renunciar a su mayor riqueza: su heterogeneidad pasmosa.