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71 - Noruega. Una luz en el norte - Revista de viajes Altair

5,95Eur
Editado por:
Altair revista SL
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Descripción:

71 - Noruega. Una luz en el norte.

Idioma: CASTELLANO.
Páginas 162.
Año de edición 04/2011.

Mucho que enseñar, además de paisajes

Cuando los grandes premios de la lotería pasan de largo, consuela saber que le tocan a alguien que hará un buen uso de ese dinero; a alguien cuya vida mejorará de una manera significativa. A escala de naciones, el hallazgo de petróleo es un “premio gordo”… si se gestiona con justicia y sensatez, dos méritos que Noruega acumula a mansalva. No hay que dejarse cegar por la despampanante apariencia, por los grandiosos paisajes: hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo noruego vivió de una manera austera. Apenas un 3% de su territorio es cultivable, y los grandes tesoros de los mares, el bacalao y el arenque, no pasaban de ser “comida para pobres”. La población, muy rural, vivió una autosuficiencia basada en las propias fuerzas y en la ayuda de los vecinos. En esas condiciones, no es fácil apreciar la estética del propio entorno, sobre todo durante los inviernos eternos, sin luz solar y con temperaturas gélidas.

Resulta heroico que, pese a su escasez, la sociedad local conservase la curiosidad y el empuje necesarios para impulsar algunos de los proyectos de exploración más memorables de la historia, como los liderados por Fridtjof Nansen o Roald Amundsen.

A partir de la década de 1950, Noruega empezó una modernización decidida, que se aceleró aún más en 1971, cuando el oro negro empezó a fluir en las plataformas petrolíferas oceánicas. De su mano, Noruega accedió a unos recursos con los que no había soñado. Otro pueblo más engreído se hubiese desquiciado. Los noruegos consensuaron nuevas reglas de convivencia, dándole protagonismo a un Estado que ahorra las ganancias del petróleo e invierte sus intereses en servicios: sanidad y educación gratuitas, estímulos a la natalidad, pensiones generosas...

La sociedad noruega es hoy moderna, culta, tecnificada..., aunque los noruegos, paradójicamente, apenas han cambiado. Conservan el instinto de independencia y solidaridad de sus antepasados, su necesidad visceral de inmersión en la naturaleza, el gusto por la caza y la pesca… Su descubrimiento es una de las muchas sorpresas que el país depara a sus visitantes, quienes encontrarán mucho más que fiordos y bosques, auroras boreales, iglesias de madera, trampolines de esquí u osos polares.

Agradecemos a Karin Mollö-Christensen Ottesen su implicación en este monográfico. Sus explicaciones y comentarios nos transmitieron la cálida generosidad de su pueblo.


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