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80 - Roma - Revista de viajes Altair

5,95Eur
Editado por:
Altair revista SL
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Descripción:

80 - Roma.

Idioma: CASTELLANO.
Páginas 164.
Año de edición 11/2012.

A lo largo de los siglos, fue un escaparate que abrumó al mundo, un mensaje de soberbia dirigido a aliados y a rivales, cuyas voluntades cortejaba o destruía a su antojo. En la Antigüedad, sus legiones expandieron la civilización romana entre el océano Atlántico y el mar Caspio o el golfo Pérsico. Hasta que la maquinaria imperial se colapsó. Siguieron tiempos de decrepitud, previos a que el Papado transformase la urbe en el epicentro del Renacimiento; y más tarde, en una Corte opulenta y mundana que, por aversión o pleitesía, protagonizó reformas y contrarreformas durante el Barroco. Capital de poder, Roma suscitó admiración, codicia o temor, pero no simpatía.
Le faltaba humanidad.

Hubo que esperar a los siglos XVII y XVIII, cuando su decadencia ya la había relegado a un papel subalterno, para que la ciudad recibiese afectos: fue a través del movimiento romántico y del fenómeno del Grand Tour, que movilizó a muchos jóvenes de Europa del Norte en busca de la Antigüedad clásica. Despojada de su pompa, Roma fue redescubierta a través de sus muchos aspectos admirables, y de un legado que abarca el derecho, el urbanismo, la ingeniería, la medicina o la filosofía. Desde entonces, Roma forma parte de nuestra identidad colectiva, ya sea a través de manuales escolares, novelas históricas, películas comerciales o de autor, mitos históricos o religiosos, de la cultura y de la fe. Muchos pilares de nuestra cultura se asientan en ella.

La peor parte de tanto protagonismo histórico se la llevan los residentes romanos: como otras urbes monumentales, la capital es un escenario tan hermoso como incómodo para sus vecinos. Las razones son múltiples, y algunas, de peso: cualquier obra pública está condicionada por la presencia de sobresalientes vestigios del pasado a poca profundidad, y esa limitación afecta a la expansión de las redes de metro, a la construcción de aparcamientos subterráneos...

Pero ninguna de esas restricciones afecta apenas a los visitantes, quienes, además, disfrutan de la vitalidad de una urbe donde continuamente suceden cosas, muchas de las cuales te pueden gustar. Pocas experiencias viajeras aportan tanto placer como el descubrimiento de Roma.

Para orientarnos por sus recovecos, hemos contado con la ayuda de dos concienzudos conocedores, Rossend Domènech y Joan Padrol, a quienes agradecemos sus impagables enseñanzas.